A los pies de la sierra de Cantabria...

San Vicente de la Sonsierra

Discurso del alcalde de San Vicente, D. Javier Luis Fernándes Mendoza

Discurso del alcalde de San Vicente D. Javier Luis Fernandez Mendoza, en la ceremonia de entrega de la medalla de La Rioja a la Cofradía de la Santa Vera Cruz

Excelentísimo señor presidente del Gobierno de La Rioja. Excelentísimas e ilustrísimas autoridades. Señoras y señores.

Vaya por delante mi felicitación y reconocimiento de una parte a Javier Cámara, Galardón de las Artes Riojanas; y de otra a la Hermandad de la Transfiguración del Señor de Quel y a la Cofradía de la Santa Veracruz de San Vicente de la Sonsierra, Medallas de la Rioja, en quienes concurren sobrados méritos para recibir este homenaje.

Y al mismo tiempo, mi sincero agradecimiento a la Cofradía de la Santa Veracruz por confiar en mí para glosar antes ustedes su recorrido histórico y naturaleza actual. Sinceramente, existen pocas cosas que me puedan producir mayor satisfacción porque es un honor hablar de esta institución que tanto representa para mí por diferentes motivos.

En primer lugar porque, en virtud de mi cargo y como alcalde de San Vicente de la Sonsierra, considero que éste es un reconocimiento extensible a todos sus vecinos ya que su apoyo, ayuda y consideración son constantes y, sin duda, uno de los motivos por los que ha permanecido hasta nuestros días.

En segundo lugar por la estrecha vinculación que he mantenido durante muchos años con esta cofradía en la que he compartido trabajo y esfuerzo, pero sobre todo satisfacciones, esperando que este vínculo sea para toda mi vida.

Durante mis doce años de mandato, al asistir a estas mismas celebraciones del Día de la Rioja, soñaba que alguien de mi pueblo recibía alguno de estos galardones, convencido en todo caso de que nadie podría ostentar tal distinción con más merecimiento que esta Cofradía. Pero también de que su carácter religioso hacía casi imposible ese anhelo.

Me equivoqué. Es más. Al concederle la medalla de La Rioja no sólo no se ha valorado como negativa esa naturaleza sino que se ha reconocido su incidencia en el fomento del turismo, la cultura y la conservación de las costumbres y tradiciones, algo que supone para la Veracruz y San Vicente de la Sonsierra un gran orgullo y produce, además, una enorme satisfacción. De ahí nuestro más sincero agradecimiento al Gobierno de la Rioja y a nuestro Presidente Don Pedro Sanz.

Sin duda alguna, la cofradía de la Santa Veracruz de San Vicente de la Sonsierra es una de las instituciones más importantes de nuestra Comunidad, y una de las más conocidas en España al conservar y mantener la única manifestación pública de la disciplina ritual por flagelación que queda en Europa, los Disciplinantes, mundialmente conocidos como ‘Picaos’.

Este rito ancestral es una joya de la antigüedad que ha llegado a nuestros días gracias al empeño de unos cofrades sustentados en la fe e imbuidos por un hondo y profundo sentimiento cristiano, a la constancia de la cofradía la de la Santa Veracruz de los Disciplinantes y al apoyo de un pueblo que se ha negado sistemáticamente, a través de los siglos, a plegarse a las prohibiciones, tanto políticas como eclesiásticas, que se dictaron en diferentes momentos de su historia.

Una historia antiquísima y, quizás por ello, envuelta en un halo de misterio.

No se conoce el momento de su fundación. Pero gracias al importante archivo de la entidad conocemos que existen actas de principios del siglo XVI y que sus estatutos se aprobaron en el año 1551.

En un de ellas, del siglo XVI, se lee literalmente: “Finados los cuales, y sobre dichos capítulos contenidos en esta regla de tiempo inmemorial, juntos todos los hermanos establecieron”. Dicha expresión, ‘tiempo inmemorial’, constituye una imprecisión especialmente notable en el tiempo. Bastante difusa para un siglo en el que ya se escribían con enorme precisión las actas referentes a las actividades de esta Cofradía. Nos remontan, por tanto, mucho más atrás.

Se puede deducir, en fin, que la Vera Cruz no se fundó en San Vicente en el Siglo XVI sino muchísimo antes.

Dando por hecho que la antigüedad de la Vera Cruz va mucho más allá del siglo XVI, debemos encontrar un acontecimiento reseñable de la historia de la localidad que pueda servir de base y fundamento al nacimiento de esta Cofradía. Y este hecho existe.

El 15 de Julio del año 1099, el infante Don Ramiro Sánchez de Navarra, hijo probablemente de Sancho ‘El de Peñalén’, padre de García Ramírez ‘el Restaurador’, ambos reyes de Navarra y yerno del Cid Campeador, consiguió romper el cerco de la puerta de San Esteban durante el sitio de Jerusalén, en la primera Cruzada, acompañado por sus mesnadas en las que formaban sus vasallos sonserranos.

En esta parte de la ciudad se encontraba la Piscina Probática donde se purificaban los animales que se sacrificaban en el templo. Y una antigua iglesia bizantina, muy arruinada que estaba dedicada a la Virgen María. Allí encontraron una imagen de la misma y un cofre con reliquias, una de ellas un trozo de la Santa Cruz.

En su testamento, dado en Cardeña en 1110, dice literalmente: “Del resto de mis bienes te doy comisión y encomienda a ti, mi amado Abad Don Virila, para que en honor de la beatísima Virgen María y en recuerdo de mi peregrinación a Jerusalén edifiques una iglesia con su territorio a semejanza de la Sagrada Piscina de Jerusalén, donde hallé por revelación del Señor un trozo de la Sacrosanta Cruz”.

Esta iglesia es Santa María de la Piscina, levantada en el término de San Vicente de la Sonsierra.

¡Qué merecimiento debieron tener los sonserranos en la conquista de Jerusalén! ¡Qué valor, qué lealtad debieron mostrar para que su señor eligiera esta tierra para construir una basílica donde dar culto a este trozo de la Santa Cruz!

Pudo elegir cualquier otro lugar de sus territorios. Y sin embargo eligió la Sonsierra.

¡Qué mayor honor para los caballeros y cofrades de la Divisa de la Piscina, creada también a raíz del testamento del infante, que poder dar culto a la más importante de las reliquias cristianas!

He ahí, pues, el hecho posible de la fundación de la cofradía de la Santa Veracruz de los Disciplinantes: dar culto a este trozo de la Cruz que el infante trajo de Jerusalén. Aunque, mientras no aparezca un documento que lo demuestre, éste seguirá siendo otro de los grandes misterios de esta Cofradía.

Si importante es demostrar la antigüedad de esta institución, más aún lo es el hecho de perpetuar el rito de la flagelación que ha llegado hasta nuestros días con el vigor de la juventud.

No ha sido fácil. Durante todos estos siglos, la cofradía ha debido luchar para defender su herencia y seguir conservando tan insólita tradición, hasta el punto de tener que recurrir incluso, en un periodo de su historia, a la clandestinidad.

A raíz de las prohibiciones impuestas mediante una real cedula de Carlos III en el año 1777, prohibiciones que no fueron las primeras pero si las que acabaron prácticamente con todas las manifestaciones de disciplina publica en España, una parte de los hermanos de la cofradía de la Santa Veracruz se negó a dejar de seguir practicando este rito y fundaron una cofradía autónoma llamada la Santa Penitencia. La Veracruz seguía organizando las procesiones de Semana Santa, Cruz de Mayo y Cruz de Septiembre, y los disciplinantes de la Santa Penitencia acudían a dichas procesiones donde se flagelaban si era posible. Y si en momentos puntuales no lo era, lo hacían en otros lugares o en la casa del Prior.

Para ilustrar esta curiosa situación voy a leer una estrofa que forma parte de una poesía compuesta por un sonserrano, cuyo nombre por desgracia es desconocido:

No perdemos un sermón, ni una misa ni un rosario, ni nuestro Santo Calvario, ahí nuestra admiración.

Luego a nuestra procesión, viene gente forastera.

Salga de blanco el que quiera, a imitar a Jesucristo, toda la vida se ha visto salir a disciplinarnos, y ahora quieren quitarnos, teniendo orden del Rey y del obispo.

Lo cierto es que la crisis religiosa y social del siglo XIX y la primera mitad del XX influyó poderosamente en todas las instituciones tradicionales y, en el caso de la de San Vicente de la Sonsierra, provocó un decaimiento notable de su esplendor, muy importante este durante el siglo XVIII cuando dos papas, Inocencio XI y Pio VII, obispos de España y alguno del extranjero, concedieron indulgencias a esta institución. Más aún. A la Veracruz de San Vicente de la Sonsierra pertenecían en el siglo XVIII buena parte de los obispos de España, citándolos en las actas como nuestros hermanos cofrades con cargos honoríficos y representados por hermanos residentes.

Don Salvador Navarro, párroco de San Vicente de la Sonsierra escribió en el año 1945 el primer libro del que tenemos conocimiento sobre esta Cofradía para, según él, explicar a los vecinos de la localidad lo que significa cuanto han ido viendo todos los años, y lo que vieron también sus padres y abuelos, y conseguir con esto que conserven sus gloriosas costumbres de piedad sincera hacia la Semana Santa.

Pocos años más tarde, siendo párroco Don Tomás Gómez, comenzaron los intentos de reunificación de la Santa Veracruz y la Santa Penitencia que se plasmaron en el año 1956 en una fusión bastante traumática pero beneficiosa para ambas puesto que en esas fechas el número de hermanos de una y otra era muy reducido y su situación económica muy precaria, al punto que los disciplinantes de la Penitencia no disponían de capas suficientes y debían acudir a las procesiones con sus propias gabardinas.

Con la unión se renovaron los hábitos, capas y flagelos, y la organización de los actos se volvió más reglada.

Pero en esa época ya se manifiesta con fuerza otro de los peligros para esta tradición: el, hasta entonces incipiente, turismo descontrolado.

Los hermanos de la Cofradía siempre han velado por mantener el rito con toda su pureza, intentado respetar los mandatos contenidos en ella. Por ello, cuando consideraron que no podían controlar la masiva afluencia de personas en busca, más del morbo y la espectacularidad, que del auténtico sentido de un acto penitencial, no dudaron en suspender en el año 1969, y durante 25 años, la salida de los disciplinantes del Viernes Santo por la tarde, en el acto donde mayor aglomeración de personas había y donde las dificultades para una correcta organización de los procesiones eran máximas.

No se suspendieron las procesiones, pero sí la asistencia de disciplinantes que se trasladaron a la Hora Santa, el Jueves Santo por la noche.

Cuando las circunstancias mejoraron sustancialmente, la Asamblea General de la Vera Cruz decidió volver a las fechas tradicionales sin abandonar la asistencia de disciplinantes a la Hora Santa.

Es a partir de la década de los 90 cuando la cofradía de la Santa Veracruz comienza a resurgir de nuevo con la incorporación de nuevos hermanos y, sobre todo, por la entrada de las mujeres y su penitencia tradicional ‘Las Marías’ como miembros de pleno derecho.

Esta penitencia consiste en acompañar a la Virgen de los Dolores durante las procesiones y Vía Crucis, vistiendo un manto similar al de ésta, descalzas y con el rostro cubierto.

El aumento del número de hermanos, con la consiguiente mejora económica y el acceso a las ayudas de las administraciones, permitieron recuperar algunos de los distintivos de la Cofradía, o restaurar alguno de los pasos más deteriorados por el paso del tiempo y su uso.

Se produce también una mayor presencia de la institución en los medios de comunicación, gracias a la amplia información ofrecida por la Cofradía; una mejor organización de las procesiones; la concienciación de todos los hermanos de la importancia de dar una buena imagen, sin perder la esencia del rito; y sobre todo por los reconocimientos recibidos durante estos años: declaración de interés turístico regional en el año 1998, de interés turístico nacional en 2005, incoación del expediente para la declaración de BIC de carácter inmaterial o la medalla de La Rioja que hoy va a recibir.

Los hermanos de la Cofradía de la Santa Veracruz que se encuentran hoy presentes, representan a los miles de cofrades y disciplinantes que a lo largo de los siglos han perseverado para mantener y conservar la herencia, el legado de sus antepasados. Unos desde los cargos más relevantes, otros desde la ámbito ritual, los más trabajando en la sombra… Pero todos con un objetivo común: lograr que dentro de otros 500 años, en las calles de una población riojana llamada San Vicente de la Sonsierra se pueda seguir observando a los disciplinantes cumplir con su penitencia.

Enhorabuena, una vez más, a los galardonados. Muchas gracias

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